Las palabras se las lleva el viento, por eso me atrevo a escribir, agradeciendo de antemano la oportunidad que me otorga Cristián Lavín, Gerente Cuerpo de Bomberos Viña del Mar, Dirección General, para poder dirigirme a ustedes, no lo haré al Superintendente, ni a los Comandantes, ni Directores, Capitanes, Oficiales en general, a quienes les pido de antemano mis disculpas, me mantuve durante muchos años en las fuerzas policiales de nuestro querido país, por lo cual no deseo tocar las fibras de sus cargos.
Es al bombero a quien deseo dirigirme.
Desde que tengo uso y razón los conozco, siempre conviví con ustedes, se como son, quienes son, que piensan, sus ideales, incluso hasta que punto pueden llegar al sacrificio, nunca tuve el orgullo de ser uno de ustedes, eso si, pertenezco a la familia.
Mis más recónditos recuerdos son para mi querida madre, mi hermana, mi padre, mis perros, los carros bomba, el cuartel bomberil, la sirena, los incendios, las lluvias, inundaciones, mis juguetes, el colegio. Como pueden observar ahí están desde siempre, es un sentimiento que impregna nuestro ser para quedarse.
Sin embargo, es ahora que me siento orgulloso de pertenecer a vuestra familia, sigan leyendo, lo van a entender.
Hace exactamente dieciocho días que mi viejo se encuentra internado en el hospital Gustavo Frike de Viña del Mar, llegó en la noche, yo proveniente de Santiago en la madrugada, su esposa con él, nada a dicho desde las cuatro de la madrugada del sábado 29 de mayo, habló con ella y posteriormente conmigo, me dio las gracias por estar ahí, lo reté, lo hice callar, lo acaricié, lo quise más que nunca, desde esa oportunidad no ha vuelto a hablar, un sueño inducido lo mantiene así.
Inclusive me hice de amigos, que grande es la palabra, nos saludamos de mirada, el primer día que los vi supe sus nombres, el de ojos verdes es Imed Gemini, así tal cual, el de los ojos azul intenso Fresenius Kabi, tal como se escribe y el otro Newport NMI, quien junto a Datex Ohmeda eran estos últimos los productores del sonido extraño... como energía... mientras los anteriores efectuaban su trabajo en total silencio.
Mis amigos son máquinas, mantienen a mi padre vivo, trabajan sin cesar, día y noche, es más ni los doctores se sus nombres, parcos, omnipotentes, dueños de la verdad, no dejan acercarse a ellos, me fue más fácil aferrarme a mis incondicionales, quienes disimulan frialdad con algo tan hermoso y divino como es la vida.
Estimados bomberos, los embates que surgen en el transcurso de nuestra existencia me hicieron comprender lo que soy, por que escribo, por que lloro, por que amo, por que odio… ¡Soy un romántico!... peculiar atributo que ustedes también abrigan, conclusión a la cual llegamos con mi viejo, en las eternas conversaciones que hemos mantenido desde siempre.
La principal intención de estás líneas son de agradecimiento a todos, desde el primer momento en que supieron que había un voluntario enfermo, la máquina que activa ese antiguo Cuerpo de Bomberos Viña del Mar, funcionó de tal manera que un día posterior al primer día, una verdadera red de comunicación se inició, abarcando desde las transfusiones solicitadas, hasta la esperada información necesaria. Sin su colaboración, sinceramente nos habríamos sentido solos y desamparados, no ha sido así, con ustedes hemos estado acompañados.
Hasta el momento el nombre de mi padre no lo he aportado, se llama Ernesto Enrique Morales Herrera, viejo bombero que ha estado en sus filas desde antes de mis recuerdos, una aneurisma lo atacó sin piedad, está durmiendo, soñando lo más probable con sus incendios, logros y qué hacer mañana, así es mi padre, siempre con proyectos los cuales realizó casi en su totalidad.
Su último propósito de seguir viviendo no se si lo está logrando, está luchando con toda su energía, mis amigos las máquinas lo están ayudando, la sabiduría de los que usan batas blancas está actuando, el amor de la familia está apoyando, el sentimiento de los bomberos indudablemente está contribuyendo.
Dios tiene la última palabra.
Ernesto Morales Guzmán
14 de Junio 2010
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